Guifré el Pilós fue uno de los grandes fundadores de la Cataluña medieval.
Fue conde de Barcelona, Girona y Osona, y es clave porque consolidó el poder de su linaje en estos condados, iniciando en la práctica la dinastía condal catalana. Hasta entonces, los condes eran nombrados por el poder franco; con él, el cargo pasa a su familia y se vuelve de hecho hereditario.
Su papel principal fue de repoblar y organizar territorios fronterizos; reforzar monasterios y centros religiosos (especialmente Ripoll), y estabilizar políticamente la Marca Hispánica oriental.
La tradición posterior lo convirtió además en un personaje mítico: a él se le atribuye la famosa leyenda del origen de las cuatro barras rojas de la bandera catalana.